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A la caza del oro líquido

lunes, 13 de mayo de 2013 · 0 comentarios


A la caza del oro líquido
Publicado por Antonio Villarreal (Jot Down)

Baños de la Encina, visto desde el mar de olivos
“Entonces conducen a Ulises a un lugar resguardado, como había ordenado Nausicaa, la hija del magnánimo Alcino; ponen junto a él vestidos, una túnica, un manto, le dan una esencia líquida encerrada en un frasco de oro, y le invitan a sumergirse en la corriente del río”.
La Odisea. Canto VI.
Parte I
Primera hora de la mañana de un domingo de principios de febrero de 2012. Aparece la cuadrilla de jornaleros bajando la cuesta. Son jóvenes de la zona, no hay extranjeros. 12 personas más el capataz, José Francisco, dispuestos para apurar uno de los últimos días de cosecha del año. La infantería va equipada con dos vareadores de gancho STIHL, que enganchan en las ramas gruesas del olivo. El motor —de potencia similar al de una motosierra—comienza a emitir sacudidas y durante unos segundos el árbol temblequea con violencia. El parpadeo que provoca la luz del sol en el plateado envés de las hojas se acelera a espasmos. Las aceitunas caen. Por detrás aparecen varias cabezas de rastrillo que meten en capazos de goma una nube rojiza de polvo con aceitunas, piedras, tierra y hojas. Más allá, la pala del tractor aguarda los portes.
La recolección de este año ha sido cómoda porque no ha llovido en todo el invierno, se espera que el producto sea bueno. “La calidad se consigue recogiendo la aceituna muy pronto, no tan retrasada como habitualmente, y cogiéndola del árbol”, comenta el capataz. “Cuando llueve, la aceituna cae al suelo, hay barro mezclado con todo tipo de productos y con eso no hay forma de sacar aceite bueno”.
Pero no todo son buenas noticias. José Francisco repite un mantra de los olivareros: “Si en invierno no llueve, al año siguiente no hay cosecha”. 2013, auguraba el capataz, “será catastrófico”.
Subiendo la cuesta hasta el pueblo de Baños de la Encina, en la falda de Sierra Morena, se divisa con estupor la realidad. En mitad de la llanura, un delgado ciprés destaca como un rascacielos entre miles y miles de olivos achaparrados en kilómetros a la redonda.
Con 570.822 hectáreas de cultivo, los olivares ocupan el 83% de la superficie agrícola de la provincia de Jaén y casi un 45% de su superficie terrestre. Más de 66 millones de ejemplares del mismo árbol. La metáfora “mar de olivos” es empleada a menudo para describir el paisaje, pero despierta una falsa noción de uniformidad. Es necesario acercarse un poco más para ver las pistas que los propios árboles revelan.
Hay que fijarse en si el tronco del olivo está rodeado o no de tubos de riego. “El olivar era tradicionalmente de secano, si llovía bien y si no, pues te aguantabas. Pero ahora es todo con riego moderno, por goteo”, explica Juan Manuel Matés, catedrático en Historia de la Economía en la Universidad de Jaén y autor de varios trabajos sobre la economía del olivar.
Cuando España se adhirió a la Comunidad Económica Europea, en 1986, los olivos ya eran un cultivo mayoritario en la provincia de Jaén, si bien solo ocupaban un 65% de las tierras cultivables.
“Antes también había mucho cereal. Por ejemplo, en la zona de Jódar se producía mucho esparto”, dice Matés, que achaca esta expansión del olivar a factores como “la emigración, que los otros cultivos eran poco rentables o todo el tema de la PAC” —la Política Agraria Común de la UE, que cuenta con unos 100.000 beneficiarios en la provincia—. “El cereal no ha desaparecido, pero se ha reducido mucho, en parte porque no puede competir con los cereales que vienen de fuera. Es una cuestión de oferta y demanda. Al final la gente ve que es más efectivo plantar olivo, es un cultivo más seguro y que se ha revalorizado mucho en estos años”.
Un ejemplo de la magnitud de las inversiones enfocadas a la producción de aceite de oliva es que, en 1986, solo el 11% del olivar en Jaén era de regadío frente a un 89% de secano. 20 años después, la superficie regada había crecido de 52.000 a 183.000 hectáreas. En 2008, en Jaén se regaba ya uno de cada tres olivos, lo que, dice Matés, ha provocado que sean “muy frecuentes las tomas ilegales de agua para regar de ríos, pozos o acuíferos”.




 Aceitunas maduras recién llegadas a la almazara.
Basándose en la tendencia de la última década, las proyecciones de la Unión Europea sobre el mercado del aceite de oliva, publicadas en julio, estiman que para 2020 habrán desaparecido unas 20.000 hectáreas de olivar de secano. Pero estas estimaciones quizá no tienen en cuenta algo crucial, el probable recorte de las subvenciones europeas al olivar, fijado el 31 de diciembre de 2013, fecha en que concluye la actual PAC. Según los expertos consultados, sin ese vital suplemento económico, solo el olivar modernizado y capaz de ser rentable sobrevivirá. Matés ofrece otra posible salida para el olivar tradicional, ser adquiridos por las grandes empresas olivareras para practicar un cultivo intensivo.
España cuenta hoy con unas 700.000 hectáreas de olivar de regadío y 1.800.000 hectáreas de secano —donde se encuadra el olivar tradicional—. Pese a la notable diferencia de superficie, en 2011, el 52% del aceite de oliva producido en el país procedía del olivar de regadío, según datos de la UE que también indican que, en 2004, el regadío solo aportaba el 33% del aceite.
“Desde luego, el olivar de monte o con una cierta pendiente está abocado a desaparecer. Ojalá no arranquen los olivos porque tienen un papel importantísimo en sujetar suelos”, dice Joaquín Muñoz-Cobo, catedrático de Zoología de Vertebrados en la Universidad de Jaén y olivarero. “Esos olivares de llanura, viejos y con unos troncos preciosos, también tienen el hacha encima. Dentro de nada, por desgracia, veremos cómo los arrancan para hacer plantaciones en seco de un olivar bastante productivo por hectárea y con una recolección muy barata”, dice el catedrático.

Para leer el artículo completo, pulsar este enlace: http://www.jotdown.es/2013/05/a-la-caza-del-oro-liquido/

Declarar el olivar biomasa energética

martes, 28 de febrero de 2012 · 0 comentarios

Declarar el olivar cultivo energético es posible, pero no haberlo hecho a la primera es reconocer que no se posee el arte de legislar.

Recientemente (29.12.11) se ha publicado en el BOJA la orden  por la que se regula el aprovechamiento de la biomasa forestal con destino energético. Unas semanas más tarde el Sr. Zarrías reclama al gobierno andaluz que incluya al olivar como biomasa forestal con destino energético.
Me cuesta trabajo entender que quienes han preparado la orden no hayan considerado y reconsiderado mil veces esta posibilidad, teniendo en cuenta la extensión de este cultivo en todo el territorio. Y me cuesta entender que el Sr. Zarrías no hay tenido noticia de este documento hasta después de su publicación.
Por mi parte considero que es evidente que el olivar tiene una segunda dimensión energética que hay que potenciar. No es su primer fruto, pero tal y como están las cosas, puede contribuir a que su primer fruto no se hunda con las botas puestas.

Biomasa del olivar

viernes, 11 de noviembre de 2011 · 0 comentarios


La biomasa se hace un hueco en la ley andaluza del olivar












Lunes, 07 de noviembre de 2011Javier Rico
Como estaba previsto, la biomasa tiene su cuota de protagonismo en la Ley del Olivar de Andalucía, que apareció publicada el pasado mes de octubre en el Boletín Oficial de la Junta de Andalucía (BOJA). Uno de los fines de la nueva normativa es fomentar tanto el empleo de energías renovables en la industria olivarera, especialmente la biomasa, como el aprovechamiento energético de los residuos agrícolas del sector.

Poco antes de que se aprobara la Ley del Olivar de Andalucía, la Unión de Pequeños Agricultores de Jaén (UPA)recordaba que en la región se desaprovecha actualmente 1,5 millones de toneladas de biomasa procedentes de este cultivo, y, con ello, las posibilidades de empleo que podrían generar. La nueva ley pretende revertir esa tendencia, aunque no menciona cantidades, plazos ni medidas. Eso llegará después, con el desarrollo de la ley y con la aprobación del Plan Director del Olivar.


El ámbito de aplicación incluye al “sector de la biomasa y otros productos derivados”, y entre sus fines está el fomento del “uso eficiente del agua y la energía y la utilización de energías renovables, en particular la biomasa, así como potenciar la consolidación en el sector olivarero de un modelo eficiente y competitivo de explotaciones agrarias e industrias transformadoras”.


Más preciso es el artículo 25 de ley, que habla del fomento de “actuaciones tendentes a conseguir el ahorro y la mejora de la eficiencia energética en las explotaciones olivareras y en la industria de transformación”. Luego añade que “se promoverán medidas que tengan por finalidad el aprovechamiento energético de los residuos agrícolas e industriales, la producción de energía a partir de la biomasa y la producción y uso de energías renovables, considerando particularmente la eficiencia de los ciclos de los recursos en las explotaciones olivareras”.

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